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ALIMENTANDO SUEÑOS

23 de julio de 2020 by admin

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ALIMENTANDO SUEÑOS

Dicen que hay personas PAS (Personas con Alta Sensibilidad). Es un concepto que se ha puesto muy de moda en la actualidad. Ahora resulta que todos somos PAS, o de Altas Capacidades, o Disléxicos, o Hiperactivos o TEA (Trastornos del Espectro Autista.). Y si no somos nada de esto, no nos preocupemos que algo nos encuentran. Hay etiquetas para todos los gustos. Pero si hay que escoger una, me quedo con la de PAS.

Sigo pensando que todos lo somos un poco.  Quizá unos somos más sensibles a los ruidos o a la música, otros a la poesía, otros a las temperaturas, otros a la intuición y otros hipersensibles de corazón. He visto veinte veces E.T y sigo llorando cuando la vuelvo a ver. ¡Y mira que sé, que E.T no se muere! Cuando vuelvo a ver la película, mis hijos me miran de reojo, y me preguntan: – ¿Mamá, ya lloras?

No sé, si lloro más cuando E.T se despide de Eliot o cuando está a punto de morirse. ¿Será por qué una parte de mí hubiera querido irse con él? ¿O lloro de felicidad porque sus padres y amigos vuelven a por él?

La cuestión es:

¿Se puede llegar a llorar viendo cómo se descarga una camioneta llena de alimentos sabiendo que ese mismo día muchos niños y niñas junto a sus padres y madres van a comer alimentos frescos y saludables?

¡Pues sí!

De niña recuerdo reprimirme cada vez que tenía ganas de llorar. Pero me costó algún tiempo entender que el llorar no siempre iba acompañado de tristeza. A veces lloraba porque alguna cosa me hacía sentir mal, por supuesto, pero otras, simplemente lloraba porque algo me emocionaba. Me aguantaba y me aguantaba hasta llegar a casa y soltarlo todo en mi habitación. Y siendo sincera, ahora, como adulta lo sigo haciendo, pero menos. ¡Si hay que llorar, se llora! Aunque sigo buscando algún rinconcito con algo de intimidad. Con esa mirada baja, con disimulo, haciendo ver que estás haciendo otras cosas para que no se note demasiado. ¡Qué puñeteras son las lágrimas! hábiles y escurridizas, pasando por ese mini agujerito que llamamos lagrimal. Poco tiempo nos consienten para prevenirnos de que la tormenta “is comming”. Un poco como la película “DEL REVÉS”, que se lía la de San Quintín, cuando no se le permite a la “Tristeza” (esa niña de cara rechoncha con gafas y de piel azul) soltar y llorar todo lo que necesita.

Pero sigo teniendo una pequeña manía. Cuando el torbellino emocional afloja, acostumbro a pasarlo por la mente razonadora (suena un poco Montessori, lo sé), pero me funciona para poner orden a esas 3.000 emociones que existen. Creo que incluso hay más.

Y pienso: Vamos a ver, analicemos esta emoción, ¿Por qué lloras?

ESTAS SON MIS CONCLUSIONES:

  • Lloro, por ver llegar a Pau (el payés), en su camioneta llena de fruta y verdura y pensar: ¡Guau! Uno más que se suma a Vida Significativa. Por participar, por ayudar, por facilitar, por dar un precio asequible y por imaginarme a todas esas familias con hijos e hijas en situación vulnerable beneficiándose de productos de proximidad, de buena calidad y ecológicos.
  • Lloro de emoción, porque me siento bien. Es una sensación extraña. Aunque suene raro, es una sensación incluso de recompensa. Tú haces algo por alguien, y simplemente te sientes lleno, en plenitud. Dar algo a alguien que no conoces personalmente pero que sabes que lo necesita, genera una satisfacción indescriptible, una sensación de logro, e incluso de paz.
  • Lloro de emoción, porque se fortalece el compañerismo. Antes de la llegada de esa camioneta llena de comida, ha habido llamadas, reuniones, cenas, charlas, ideas, risas, bajones… Pienso en todos los voluntarios, socios y colaboradores de Vida Significativa que incluso estando lejos han hecho posible este proyecto.
  • Lloro de emoción, por haber llegado hasta aquí, por superar miedos e incluso límites.
  • Lloro de emoción, por todo lo que tengo y de lo afortunados que son mis hijos. Nosotros sí podemos comprar alimentos frescos y ecológicos cada semana.
  • Y también lloro de emoción cuando ellos también se vuelven agradecidos y nos acompañan en algunos de nuestros proyectos.

Como dijo Paulo Coelho: “Las lágrimas son palabras que necesitan ser escritas”

  • Y, por último, lloro de emoción, por encontrarme a mi amiga Pachu, con sus hijos, para dar soporte, para compartir un bonito acto, por amistad y que luego te diga:

– ¿Te vienes a comer a casa?

Escrito por Helena Ramon.

Publicado en: Alimentos frescos, Altruismo, Blog, Coronavirus, Infancia, Niñas, Niños, Solidaridad, Voluntariado, Vulnerabilidad Etiquetado como: Altruismo, Coronavirus, Solidaridad, Voluntariado, Vulnerabilidad

Cuando uno encuentra el camino. Vidas libres después de la cárcel

15 de junio de 2020 by admin

¿QUÉ HA SIGNIFICADO PARA MÍ “PASAR PÁGINA”?

Liberarse del resentimiento, del sentimiento de culpa y del victimismo ha hecho que mi vida, en todos sus aspectos, la viva de una manera diferente. Y gracias a ello he podido vivir y sentir cosas maravillosas.
Recuerdo muchas cosas bonitas de todo el proceso, con sus momentos más difíciles y los más maravillosos de mi vida. Uno de ellos fue las ganas de que todo el mundo se sintiera como yo, las ganas de que todos tuvieran la misma oportunidad que tuve yo de poder convertir el dolor en aprendizaje.
Cuando entiendes que todo lo que te ha pasado forma parte del aprendizaje de tu vida y que lo mejor que puedes hacer con ello es darle la vuelta y darle un nuevo sentido para tener una vida plena.
Es como hacer magia.
Todo este aprendizaje me llevó a que en un taller con Xavier Caparrós del altruismo, además viera claro que después de haber sido víctima de abusos y malos tratos, la única salida para poder cambiar las cosas era “darle la vuelta”
¿Y si hacemos este taller en un centro penitenciario? ¿Y si intentamos dejar de juzgar lo que ya está juzgado y tratamos de que todos encuentren ese camino único de liberación para poder empezar una nueva vida, una vida libres?

Llevé mi boca al corazón y dejé que él se encargara de transmitir todo lo que sentía

No puedo explicar con palabras lo que sentí en aquella sala rodeados de personas que nos miraban a Xavier y a mi, que esperaban algo de nosotros, de nuestras palabras.  Personas a las que quería contarles tantas cosas y no sabía cómo hacerlo. Y a las que estaba dispuesta a echar una mano sin pensar. Y decirles que se puede, que sí se puede.
Me temblaba la voz, le decía a Xavier, “empieza tú” y no sabía cómo empezar pero llevé mi boca al corazón y dejé que él se encargara de transmitir todo lo que sentía.
“Fui una niña abusada y una mujer maltratada …..” Así salieron mis primeras palabras, sin pensar qué podría suceder allí después de decirlas. Es verdad que al principio fue tenso y que las miradas eran de incomprensión pero según fui dejando que las palabras salieran, me sentí muy segura y, sobretodo, muy cómoda.
Pude explicar el por qué, el por qué había decidido mostrarles que el rencor, el dolor, la rabia, el odio, la tristeza no iban a hacer que me sintiera mejor, que lo único que había hecho que me sintiera mejor era liberarme de todo eso e integrarlo de tal manera que ahora vivía libre y feliz. Más libre que nunca.
Era la primera vez que explicaba eso delante de tanta gente y más aún de gente que no me conocía de nada, pero me sentí más cómoda que nunca y muy acompañada.
Fue la primera vez en mi vida que no se me empañaron los ojos ni se me puso un nudo en la garganta al contarlo. ¿Por qué? Porque hablé desde el aprendizaje, no desde el dolor.
Compartir esa experiencia con Xavier y con todas las personas que estaban allí, para mi fue un regalo. Uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Recuerdo salir del centro, mirar a Xavier y decirle que me sentía la mujer más afortunada del mundo, por fin todo tenía sentido. Y ahora íbamos a ayudar a que “el todo” de otras personas también tuviera ese sentido que tanto necesitaban.
Después de ese día, el taller, las visitas, las llamadas, las cartas, los dibujos y manualidades, los encuentros con familiares en las salas de espera, todo empezó a formar parte de unos fines de semana llenos de momentos increíbles.
Recuerdo a cada persona con la que he compartido aunque sea un minuto allí. A los funcionarios y funcionarias que cada día acompañan, escuchan y apoyan a las familias que van de visita. A los familiares que tratan de llevar la situación como pueden, sacando sonrisas en la entrada y a veces derrumbándose al salir, he sentido sus alegrías, sus inquietudes, sus miedos y sus lágrimas como si fueran míos y para mí, conocerles, ha sido un verdadero regalo. He intentado darles lo mejor de mí y que sintieran que de una manera u otra estaba ahí.
De los chicos sólo puedo decir cosas maravillosas. Hemos pasado momentos más difíciles que otros, es verdad. Pero nos hemos mantenido firmes en nuestros propósitos y eso ha hecho que hoy las cosas sean diferentes y que tengamos un montón de proyectos y cambios.
Hemos caminamos juntos y hemos aprendido unos de otros.
Hemos entendido que el único camino para estar bien es tener una buena actitud para el cambio, confiar en nosotros, no juzgar, no criticar, entender que lo hicimos lo mejor que pudimos, que los demás lo hicieron lo mejor que pudieron, perdonar, perdonarnos, escucharnos, que todos tenemos una parte de responsabilidad en las cosas que pasan, dejar de ser víctimas y verdugos y liberarnos de todo lo que nos hacía quedarnos en el mismo lugar. Hemos entendido que los únicos que podemos vernos como personas capaces somos nosotros mismos y que por ese camino todo serán regalos
Hoy, ellos acompañan a otros y esos “otros” a otros. Y es que cuando uno encuentra el camino, no camina solo.
Experiencia de María Prieto, voluntaria de Vida Significativa.

Publicado en: Altruismo, Blog, Libertad, Prisión, Solidaridad, Voluntariado, Vulnerabilidad Etiquetado como: Altruismo, Centro penitenciario, Libertad, Presos, Prisión, Sanar, Solidaridad, Voluntariado, Vulnerabilidad

Coronavirus & Vulnerabilidad

1 de mayo de 2020 by admin

Blog Vida Significativa Coronavirus

LA VULNERABILIDAD EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

L@s voluntarios y voluntarias de Vida Significativa continuamos sensibles con las dificultades de los demás y seguimos con la atención telefónica (hemos incrementado las llamadas y las videoconferencias) o con la atención a domicilio a personas de la llamada 3ª edad , a personas que viven en soledad o personas que conviven en circunstancias muy complicadas, donde la violencia, las discusiones e incluso la droga y el alcoholismo de sus compañeros o compañeras de piso, acaba siendo un problema importante.

Ante la crisis económica que está afectando a muchas personas y familias, nos hemos volcado en nuestro proyecto permanente “Compra de alimentos frescos“, desde el cual hacemos campañas y compramos alimentos frescos, como verdura, fruta, carne y pescado, para familias que no tienen satisfechas sus necesidades básicas.

En esas familias en situación límite, la comida que ofrecen a los niños y las niñas no es la más adecuada y l@s pequeñ@s no tienen precisamente una dieta equilibrada, sobre todo en relación a las proteínas y vitaminas esenciales. La mala alimentación perjudica la salud y el futuro de l@s niñ@s. Si no reciben la alimentación necesaria para potenciar su crecimiento, tanto físico como cognitivo, much@s tendrán serios problemas de salud en el futuro.

Estamos involucrados en que todas las niñas y los niños coman mejor y, cada vez más, tengan acceso a alimentos frescos procedentes de proximidad geográfica y producción ecológica.

Otras voluntarias y voluntarios, también con la idea da ayudar a los demás a tener una cotidianidad más agradable, llevamos alimentos, material de limpieza y productos farmacéuticos hasta los domicilios de personas vulnerables que no pueden salir a comprar por diferentes motivos.

Si estas personas carecen de recursos económicos, desde Vida Significativa corremos con los gastos de los mismos.

Además, estamos repartiendo miles de mascarillas en hospitales, residencias, policía local y autonómica, ayuntamientos, centros residenciales de acogida de menores, etc., que hemos conseguido a través de voluntarios de nuestra entidad.

Algunos integrantes de Vida Significativa somos médicos y estamos al pie del cañón cuidando a nuestros pacientes de forma casi permanente.

¡NOS PUEDES AYUDAR!

Al no tener sueldos ni gastos de ningún tipo, te aseguramos que el 100% de tus aportaciones llegan a personas concretas que lo necesitan.

Nos puedes ayudar ingresando cualquier cantidad a nuestra cuenta:
IBAN: ES04 0081 0067 0900 0150 0359

¡Gracias por tu colaboración!

Publicado en: Altruismo, Blog, Coronavirus, Solidaridad, Voluntariado, Vulnerabilidad Etiquetado como: Altruismo, Coronavirus, Solidaridad, Voluntariado, Vulnerabilidad

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